Hola Torrenate@s!

Queremos dedicarle hoy un post a un mineral muy importante para nuestra salud, del que es muy importante el equilibrio ya que, tanto la carencia como el exceso pueden resultar perjudiciales para ella.

El YODO (IODO) es un mineral fundamental para el funcionamiento normal de la glándula de la tiroides. Ésta es una glándula en forma de mariposa ubicada en el cuello, justo arriba de la clavícula. Es una de las glándulas endocrinas que producen hormonas. Las hormonas tiroideas controlan el ritmo de muchas actividades del cuerpo. Sin yodo no podemos producir hormonas tiroideas como la tiroxina. Estas hormonas son las encargadas de regular el metabolismo energético, la temperatura corporal, el crecimiento, la función muscular y nerviosa.

La deficiencia de yodo ocasiona una reducción de la síntesis de hormonas tiroideas, afectando al metabolismo de todas las células del organismo. La falta de yodo durante un tiempo prolongado produce una hipertrofia de la glándula tiroides y puede originar, además de bocio e hipotiroidismo, alteraciones neurológicas muy graves, especialmente en el feto y en los niños. En el hipotiroidismo se produce un agrandamiento de la glándula de la tiroides en un intento de atrapar mayor cantidad de yodo.

El exceso de yodo tampoco es bueno ya que puede provocar hipertiroidismo, ansiedad y también bocio.

El yodo también es fundamental para mantener el sistema inmune, combatir bacterias y virus, es anticancerígeno y un antiséptico natural.

Hay que destacar el especial cuidado que se debe prestar a los niveles de yodo durante el embarazo y el período de lactancia. Las mujeres embarazadas necesitan más cantidad de yodo para transmitirlo al bebé. El yodo es básico para el desarrollo del cerebro de un bebé, no sólo en el útero, sino durante la lactancia ya que también le va a llegar a través de la leche materna. No en vano, una vez más, hacemos hincapié en la importancia de la lactancia materna natural durante, al menos, los primeros seis meses de vida. A través de ella, hacemos la transferencia adecuada de todo lo que una persona necesita para formarse en sus primeros meses de vida, en las cantidades suficientes y, para siempre. La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda una ingesta diaria de 250 gr. de yodo durante el embarazo.

Durante el resto de nuestra vida, es fundamental llevar a cabo una dieta sana, completa y equilibrada para aportar a nuestro organismo lo que necesita para funcionar en condiciones óptimas. En el caso concreto del yodo, algunos de los alimentos ricos en este mineral son: pescado, leche, productos lácteos, huevos, algas marinas (éstas son riquísimas en yodo, por lo que pequeñas cantidades son más que suficientes), verduras de hoja verde (rúcula, espinacas…), cereales y granos, habas…

Algunas de las señales de alarma que a nuestro médico puede llevarle a pensar que podemos tener carencia de yodo son: fatiga constante, aumento de peso inusual y repentino, debilidad muscular, sensación de frío (incluso cuando hace calor), dificultades de concentración y memoria, bajo estado anímico, estreñimiento, hinchazón facial y de la zona del cuello, pérdida de cabello, piel seca y latido del corazón débil o lento.

Si nuestra dieta es pobre en yodo, siempre controlado por nuestro médico que debe ser en todo caso el que nos indique que nuestro organismo tiene carencia de este mineral, puede ser útil tomar un complemento multivitamínico (supervisado por nuestro médico, insistimos) y mineral. Existen también productos como algas marinas en forma de suplemento alimenticio, ricas en yodo.

En conclusión, qué cierto es el dicho de somos lo que comemos”, del filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach.

Esperamos que os haya gustado, os resulte interesante y útil.

Feliz fin de semana!!